Día Viernes, 30 de Octubre de 2026
TOROS
El Club Taurino El Rabo rinde homenaje en El Puerto a Salvador Núñez, de ‘Alventus’
La experiencia de quien ha compartido ruedo con algunas de las grandes figuras del toreo, la sabiduría de un oficio que exige conocimiento, sensibilidad y precisión, y la humildad de quien, después de 35 años de profesión, sigue hablando del toro con el respeto de quien sabe que nunca se deja de aprender. Todo ello se dio cita en el Club Taurino El Rabo de El Puerto, que completó su aforo para recibir a Don Salvador Núñez, de ‘Alventus’, protagonista de una nueva sesión de su Ciclo de Tertulias 2026 bajo el título El arte de picar.
Los concejales de Plaza de Toros, Carmelo Navarro, y Juventud, José Ignacio González Nieto, acompañaron al Club Taurino El Rabo, presidido por Jesús Domínguez, en este encuentro que permitió al público acercarse a una de las figuras imprescindibles, aunque muchas veces menos conocidas, de la lidia: el picador.
Una profesión en la que el valor debe ir acompañado de inteligencia, la fuerza necesita medida y el conocimiento del toro resulta determinante para contribuir al triunfo del matador. La conversación estuvo conducida por el periodista y escritor Víctor García-Rayo, que presentó a Núñez desde la cercanía de quien se reconoce amigo y admirador suyo, y desde el conocimiento profundo de la tauromaquia. Su intervención, brillante y llena de sensibilidad, supo conducir al protagonista por los recuerdos, las anécdotas y las reflexiones de toda una vida dedicada al toro, dando al encuentro el tono de una conversación entre amigos que comparten una misma pasión y el privilegio de conocer de cerca a uno de sus protagonistas.
Los ediles destacaron el enorme interés de la cita y la oportunidad que supone para la afición portuense escuchar a un profesional de su categoría, capaz de explicar desde dentro los fundamentos de una suerte tan exigente como el tercio de varas. Una labor que, como quedó de manifiesto durante la tertulia, requiere mucho más que destreza a caballo: exige interpretar al animal, medir sus condiciones y saber cuánto necesita cada toro para que el matador pueda desarrollar su toreo.
Una vida escrita entre caballos, toros y grandes figuras
Salvador Núñez nació en Trebujena, el 13 de marzo de 1970, en el seno de una familia profundamente vinculada al mundo taurino, de cría toros y caballos. Su historia está ligada a la finca Alventus, uno de los cortijos más históricos del mundo del toro, donde tentaba Joselito el Gallo y el rey Alfonso XIII se ejercitó en 1908 en el acoso y derribo de reses bravas, entre ribera y marismas.
Bisnieto del ganadero de reses bravas José Núñez Guerra, hijo del rejoneador José Núñez Núñez y hermano del banderillero Miguel Núñez, Salvador encontró desde niño en el campo el escenario natural de su destino, más por obligación que por devoción. Había más de quinientas veraguas en el campo y había que picarlas. Allí comenzó a familiarizarse con el toro y a desarrollar, desde muy joven, las cualidades que terminarían convirtiéndolo en uno de los picadores destacados de su generación. Con apenas quince años ya empezaba a picar, iniciando un camino que lo llevaría a recorrer las principales plazas de España, Francia y América.
Lo que comenzó como una forma de vida ligada al trabajo del campo terminó convirtiéndose en una carrera extraordinaria. Desde su debut en 1991 hasta su retirada en septiembre de 2025, Núñez acumuló más de tres décadas de profesión y más de 2.000 festejos, formando parte de las cuadrillas de toreros de primer nivel y compartiendo con ellos triunfos, tardes históricas, dificultades y una vida profesional que, con el paso del tiempo, acaba creando vínculos que van mucho más allá de la propia plaza.
Entre sus etapas más destacadas figura la vivida junto a Julián López ‘El Juli’, con quien compartió 21 temporadas, una cifra que habla por sí sola de la confianza, la compenetración y el entendimiento necesarios para permanecer tantos años al servicio de una misma figura. Fran Rivra en su etapa de novillero, luego vinieron cuatro temporadas con Raúl Gracia ‘El Tato’, tres años con José Tomás y dos temporadas con Pablo Aguado, además de acompañar a otros matadores a lo largo de su trayectoria.
Don Salvador reconoció durante la tertulia que nunca imaginó, cuando comenzó a picar, llegar a compartir tantos años de profesión con toreros de esa dimensión. Una satisfacción que expresó con naturalidad, sin perder la sencillez de quien entiende que detrás de cada triunfo existe un trabajo colectivo y que la labor del picador, aunque se desarrolle en un segundo plano, puede resultar decisiva para el resultado de la faena.
Medir, conocer y sentir: el verdadero arte de picar
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue la explicación de la auténtica dimensión del tercio de varas. Lejos de reducirlo a una cuestión de fuerza o de colocación de la puya, Núñez expuso que el verdadero mérito reside en encontrar el punto exacto que necesita cada toro, sin quitarle más fuerza de la necesaria y procurando dejarlo en las mejores condiciones posibles para el desarrollo posterior de la lidia.
“La misión del picador es ponérselo fácil al torero», vino a resumir durante el encuentro, poniendo el acento en una virtud que solo se adquiere con los años: saber medir. Porque no todos los toros son iguales, ni todos los matadores buscan las mismas condiciones en sus oponentes.
El tiempo, la experiencia y la convivencia con los matadores permiten desarrollar esa capacidad de interpretación que no aparece en los manuales. Se aprende observando al animal, conociendo sus reacciones y entendiendo qué necesita cada torero para construir su faena. Es ahí donde la técnica se convierte en conocimiento y el oficio adquiere su verdadera dimensión artística.
Núñez compartió también recuerdos de las dificultades que puede entrañar el trabajo en el ruedo, ilustrando sus explicaciones con anécdotas de toros que exigieron una especial habilidad para colocarlos correctamente en suerte. Entre sus recuerdos más satisfactorios evocó un toro de Juan Pedro Domecq en Sevilla, que consideró especialmente significativo por la manera de picarlo. En el extremo opuesto recordó las dificultades que presentó un novillo en Francia al que resultaba extraordinariamente complicado colocar en el lugar adecuado. Dos experiencias diferentes que sirvieron para explicar una misma lección: cada toro plantea un desafío y el picador debe estar preparado para resolverlo con técnica, paciencia y conocimiento.
La memoria de las grandes tardes y la emoción de la despedida
La tertulia, guiada con maestría y conocimiento por Víctor García Rayo, fue también un recorrido por los momentos que permanecen para siempre en la memoria de un profesional. Salvador Núñez recordó la primera Puerta del Príncipe que vivió junto a Raúl Gracia ‘El Tato’, en 1996, y los numerosos triunfos compartidos con las grandes figuras a las que acompañó. Entre ellos, las Puertas Grandes de José Tomás en Madrid y Sevilla o las seis Puertas del Príncipe conseguidas junto a El Juli, episodios que forman parte de una trayectoria jalonada de tardes importantes.
Pero en la memoria de un torero no todo son triunfos. También quedan grabados los momentos difíciles, especialmente cuando el compañero al que se acompaña resulta herido. Núñez recordó la cornada sufrida por El Juli en Sevilla en 2013, una de esas situaciones en las que la preocupación por la integridad del matador se impone a cualquier otra consideración. Como explicó durante el encuentro, son instantes duros, inherentes a una profesión de riesgo que obliga a convivir con la posibilidad de que algo salga mal.
Con la misma naturalidad habló del público, de los aficionados que conocen y valoran la importancia del picador y de quienes, en ocasiones, expresan su desaprobación desde el primer momento. Su respuesta fue una defensa del respeto hacia quienes acuden a la plaza: la afición es esencial para que la fiesta continúe y su papel debe ser reconocido, incluso cuando sus opiniones no coinciden con las del profesional.
Esa actitud resume bien el carácter que transmitió durante la tertulia: orgullo por el oficio, exigencia consigo mismo y respeto por todos los que forman parte de la tauromaquia.
La conversación adquirió una dimensión especialmente emotiva al recordar su despedida de los ruedos, celebrada el 26 de septiembre de 2025 en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, durante la Feria de San Miguel, a las órdenes de Pablo Aguado. Aquel día, después de 35 años de trayectoria, Salvador Núñez puso el punto final a su vida profesional en un escenario de enorme significado taurino.
La Banda del Maestro Tejera acompañó musicalmente su último puyazo y el picador abandonó el ruedo entre una gran ovación, en una despedida cargada de emoción que culminó con el abrazo de su matador. Pablo Aguado le brindó además el toro, un gesto de reconocimiento y afecto que simbolizó el respeto ganado durante tantos años de trabajo compartido.
Fue una despedida a la altura de una carrera que había transcurrido junto a algunas de las figuras más importantes del toreo contemporáneo. Un adiós que no significaba dejar atrás una pasión, sino comenzar a contemplarla desde otro lugar, con la satisfacción del deber cumplido y la nostalgia inevitable de quien ha pasado buena parte de su vida entre caballos, toros y compañeros de profesión.
Una defensa del tercio de varas y de la liturgia del toreo
Uno de los asuntos que suscitó mayor interés fue la reivindicación del papel del picador dentro de la lidia. Núñez defendió la importancia de preservar la liturgia taurina y de otorgar al tercio de varas el reconocimiento que merece como parte esencial de la estructura del festejo.
En este contexto, compartió con Víctor García-Rayo su opinión de que los picadores deberían volver a abandonar la plaza por el ruedo, y no por el callejón, como una manera de respetar la tradición y devolver visibilidad a una figura fundamental de la lidia. Una reflexión que enlazó con una idea presente durante toda la conversación: el toreo es temple, conocimiento y respeto por los tiempos y las formas que han construido su historia.
La defensa de este legado no estuvo reñida con una mirada cercana y humana. Alventus habló de los compañeros que, después de tantos años de convivencia, se han convertido en amigos y familia; de las experiencias compartidas dentro y fuera de la plaza; y de la satisfacción de haber podido desarrollar su carrera junto a profesionales a los que admira y con los que ha vivido algunos de los momentos más importantes de su vida.
También dejó una reflexión que resume la filosofía de su oficio: el toro no se pica únicamente con la mano, sino con el pecho. Una expresión que encierra el valor, la entrega y la sensibilidad que exige una profesión en la que la técnica debe ir acompañada de conocimiento y compromiso.
La sesión, que cerró el delegado territorial Alfonso Candón, en representación de la delegada de la Junta de Andalucía en Cádiz, Mercedes Colombo, concluyó dejando en los asistentes el testimonio de un profesional que ha vivido la tauromaquia desde dentro, con una trayectoria extraordinaria y una manera de entender el oficio basada en la discreción, el esfuerzo y la lealtad a sus compañeros. La presencia de Salvador Núñez en El Puerto, aproximadamente un año después de su retirada, permitió a la afición acercarse a una figura que ha formado parte de la historia reciente del toreo y que, sin buscar el protagonismo reservado a los matadores, ha contribuido desde su puesto a muchos de sus grandes triunfos.
Carmelo Navarro y José Ignacio González Nieto pusieron en valor la oportunidad de disfrutar de una conversación de esta naturaleza, que acerca al público los conocimientos, las vivencias y los valores de una profesión con profundas raíces en la cultura taurina andaluza, agradeciendo el papel del Club Taurino El Rabo como lugar de convivencia, divulgación y encuentro entre aficionados, manteniendo viva una tradición que se transmite no solo en las plazas, sino también a través de la palabra de quienes la han vivido durante décadas.

La experiencia de quien ha compartido ruedo con algunas de las grandes figuras del toreo, la sabiduría de un oficio que exige conocimiento, sensibilidad y precisión, y la humildad de quien, después de 35 años de profesión, sigue hablando del toro con el respeto de quien sabe que nunca se deja de aprender. Todo ello se dio cita en el Club Taurino El Rabo de El Puerto, que completó su aforo para recibir a Don Salvador Núñez, de ‘Alventus’, protagonista de una nueva sesión de su Ciclo de Tertulias 2026 bajo el título El arte de picar.
Los concejales de Plaza de Toros, Carmelo Navarro, y Juventud, José Ignacio González Nieto, acompañaron al Club Taurino El Rabo, presidido por Jesús Domínguez, en este encuentro que permitió al público acercarse a una de las figuras imprescindibles, aunque muchas veces menos conocidas, de la lidia: el picador.
Una profesión en la que el valor debe ir acompañado de inteligencia, la fuerza necesita medida y el conocimiento del toro resulta determinante para contribuir al triunfo del matador. La conversación estuvo conducida por el periodista y escritor Víctor García-Rayo, que presentó a Núñez desde la cercanía de quien se reconoce amigo y admirador suyo, y desde el conocimiento profundo de la tauromaquia. Su intervención, brillante y llena de sensibilidad, supo conducir al protagonista por los recuerdos, las anécdotas y las reflexiones de toda una vida dedicada al toro, dando al encuentro el tono de una conversación entre amigos que comparten una misma pasión y el privilegio de conocer de cerca a uno de sus protagonistas.
Los ediles destacaron el enorme interés de la cita y la oportunidad que supone para la afición portuense escuchar a un profesional de su categoría, capaz de explicar desde dentro los fundamentos de una suerte tan exigente como el tercio de varas. Una labor que, como quedó de manifiesto durante la tertulia, requiere mucho más que destreza a caballo: exige interpretar al animal, medir sus condiciones y saber cuánto necesita cada toro para que el matador pueda desarrollar su toreo.
Una vida escrita entre caballos, toros y grandes figuras
Salvador Núñez nació en Trebujena, el 13 de marzo de 1970, en el seno de una familia profundamente vinculada al mundo taurino, de cría toros y caballos. Su historia está ligada a la finca Alventus, uno de los cortijos más históricos del mundo del toro, donde tentaba Joselito el Gallo y el rey Alfonso XIII se ejercitó en 1908 en el acoso y derribo de reses bravas, entre ribera y marismas.
Bisnieto del ganadero de reses bravas José Núñez Guerra, hijo del rejoneador José Núñez Núñez y hermano del banderillero Miguel Núñez, Salvador encontró desde niño en el campo el escenario natural de su destino, más por obligación que por devoción. Había más de quinientas veraguas en el campo y había que picarlas. Allí comenzó a familiarizarse con el toro y a desarrollar, desde muy joven, las cualidades que terminarían convirtiéndolo en uno de los picadores destacados de su generación. Con apenas quince años ya empezaba a picar, iniciando un camino que lo llevaría a recorrer las principales plazas de España, Francia y América.
Lo que comenzó como una forma de vida ligada al trabajo del campo terminó convirtiéndose en una carrera extraordinaria. Desde su debut en 1991 hasta su retirada en septiembre de 2025, Núñez acumuló más de tres décadas de profesión y más de 2.000 festejos, formando parte de las cuadrillas de toreros de primer nivel y compartiendo con ellos triunfos, tardes históricas, dificultades y una vida profesional que, con el paso del tiempo, acaba creando vínculos que van mucho más allá de la propia plaza.
Entre sus etapas más destacadas figura la vivida junto a Julián López ‘El Juli’, con quien compartió 21 temporadas, una cifra que habla por sí sola de la confianza, la compenetración y el entendimiento necesarios para permanecer tantos años al servicio de una misma figura. Fran Rivra en su etapa de novillero, luego vinieron cuatro temporadas con Raúl Gracia ‘El Tato’, tres años con José Tomás y dos temporadas con Pablo Aguado, además de acompañar a otros matadores a lo largo de su trayectoria.
Don Salvador reconoció durante la tertulia que nunca imaginó, cuando comenzó a picar, llegar a compartir tantos años de profesión con toreros de esa dimensión. Una satisfacción que expresó con naturalidad, sin perder la sencillez de quien entiende que detrás de cada triunfo existe un trabajo colectivo y que la labor del picador, aunque se desarrolle en un segundo plano, puede resultar decisiva para el resultado de la faena.
Medir, conocer y sentir: el verdadero arte de picar
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue la explicación de la auténtica dimensión del tercio de varas. Lejos de reducirlo a una cuestión de fuerza o de colocación de la puya, Núñez expuso que el verdadero mérito reside en encontrar el punto exacto que necesita cada toro, sin quitarle más fuerza de la necesaria y procurando dejarlo en las mejores condiciones posibles para el desarrollo posterior de la lidia.
“La misión del picador es ponérselo fácil al torero», vino a resumir durante el encuentro, poniendo el acento en una virtud que solo se adquiere con los años: saber medir. Porque no todos los toros son iguales, ni todos los matadores buscan las mismas condiciones en sus oponentes.
El tiempo, la experiencia y la convivencia con los matadores permiten desarrollar esa capacidad de interpretación que no aparece en los manuales. Se aprende observando al animal, conociendo sus reacciones y entendiendo qué necesita cada torero para construir su faena. Es ahí donde la técnica se convierte en conocimiento y el oficio adquiere su verdadera dimensión artística.
Núñez compartió también recuerdos de las dificultades que puede entrañar el trabajo en el ruedo, ilustrando sus explicaciones con anécdotas de toros que exigieron una especial habilidad para colocarlos correctamente en suerte. Entre sus recuerdos más satisfactorios evocó un toro de Juan Pedro Domecq en Sevilla, que consideró especialmente significativo por la manera de picarlo. En el extremo opuesto recordó las dificultades que presentó un novillo en Francia al que resultaba extraordinariamente complicado colocar en el lugar adecuado. Dos experiencias diferentes que sirvieron para explicar una misma lección: cada toro plantea un desafío y el picador debe estar preparado para resolverlo con técnica, paciencia y conocimiento.
La memoria de las grandes tardes y la emoción de la despedida
La tertulia, guiada con maestría y conocimiento por Víctor García Rayo, fue también un recorrido por los momentos que permanecen para siempre en la memoria de un profesional. Salvador Núñez recordó la primera Puerta del Príncipe que vivió junto a Raúl Gracia ‘El Tato’, en 1996, y los numerosos triunfos compartidos con las grandes figuras a las que acompañó. Entre ellos, las Puertas Grandes de José Tomás en Madrid y Sevilla o las seis Puertas del Príncipe conseguidas junto a El Juli, episodios que forman parte de una trayectoria jalonada de tardes importantes.
Pero en la memoria de un torero no todo son triunfos. También quedan grabados los momentos difíciles, especialmente cuando el compañero al que se acompaña resulta herido. Núñez recordó la cornada sufrida por El Juli en Sevilla en 2013, una de esas situaciones en las que la preocupación por la integridad del matador se impone a cualquier otra consideración. Como explicó durante el encuentro, son instantes duros, inherentes a una profesión de riesgo que obliga a convivir con la posibilidad de que algo salga mal.
Con la misma naturalidad habló del público, de los aficionados que conocen y valoran la importancia del picador y de quienes, en ocasiones, expresan su desaprobación desde el primer momento. Su respuesta fue una defensa del respeto hacia quienes acuden a la plaza: la afición es esencial para que la fiesta continúe y su papel debe ser reconocido, incluso cuando sus opiniones no coinciden con las del profesional.
Esa actitud resume bien el carácter que transmitió durante la tertulia: orgullo por el oficio, exigencia consigo mismo y respeto por todos los que forman parte de la tauromaquia.
La conversación adquirió una dimensión especialmente emotiva al recordar su despedida de los ruedos, celebrada el 26 de septiembre de 2025 en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, durante la Feria de San Miguel, a las órdenes de Pablo Aguado. Aquel día, después de 35 años de trayectoria, Salvador Núñez puso el punto final a su vida profesional en un escenario de enorme significado taurino.
La Banda del Maestro Tejera acompañó musicalmente su último puyazo y el picador abandonó el ruedo entre una gran ovación, en una despedida cargada de emoción que culminó con el abrazo de su matador. Pablo Aguado le brindó además el toro, un gesto de reconocimiento y afecto que simbolizó el respeto ganado durante tantos años de trabajo compartido.
Fue una despedida a la altura de una carrera que había transcurrido junto a algunas de las figuras más importantes del toreo contemporáneo. Un adiós que no significaba dejar atrás una pasión, sino comenzar a contemplarla desde otro lugar, con la satisfacción del deber cumplido y la nostalgia inevitable de quien ha pasado buena parte de su vida entre caballos, toros y compañeros de profesión.
Una defensa del tercio de varas y de la liturgia del toreo
Uno de los asuntos que suscitó mayor interés fue la reivindicación del papel del picador dentro de la lidia. Núñez defendió la importancia de preservar la liturgia taurina y de otorgar al tercio de varas el reconocimiento que merece como parte esencial de la estructura del festejo.
En este contexto, compartió con Víctor García-Rayo su opinión de que los picadores deberían volver a abandonar la plaza por el ruedo, y no por el callejón, como una manera de respetar la tradición y devolver visibilidad a una figura fundamental de la lidia. Una reflexión que enlazó con una idea presente durante toda la conversación: el toreo es temple, conocimiento y respeto por los tiempos y las formas que han construido su historia.
La defensa de este legado no estuvo reñida con una mirada cercana y humana. Alventus habló de los compañeros que, después de tantos años de convivencia, se han convertido en amigos y familia; de las experiencias compartidas dentro y fuera de la plaza; y de la satisfacción de haber podido desarrollar su carrera junto a profesionales a los que admira y con los que ha vivido algunos de los momentos más importantes de su vida.
También dejó una reflexión que resume la filosofía de su oficio: el toro no se pica únicamente con la mano, sino con el pecho. Una expresión que encierra el valor, la entrega y la sensibilidad que exige una profesión en la que la técnica debe ir acompañada de conocimiento y compromiso.
La sesión, que cerró el delegado territorial Alfonso Candón, en representación de la delegada de la Junta de Andalucía en Cádiz, Mercedes Colombo, concluyó dejando en los asistentes el testimonio de un profesional que ha vivido la tauromaquia desde dentro, con una trayectoria extraordinaria y una manera de entender el oficio basada en la discreción, el esfuerzo y la lealtad a sus compañeros. La presencia de Salvador Núñez en El Puerto, aproximadamente un año después de su retirada, permitió a la afición acercarse a una figura que ha formado parte de la historia reciente del toreo y que, sin buscar el protagonismo reservado a los matadores, ha contribuido desde su puesto a muchos de sus grandes triunfos.
Carmelo Navarro y José Ignacio González Nieto pusieron en valor la oportunidad de disfrutar de una conversación de esta naturaleza, que acerca al público los conocimientos, las vivencias y los valores de una profesión con profundas raíces en la cultura taurina andaluza, agradeciendo el papel del Club Taurino El Rabo como lugar de convivencia, divulgación y encuentro entre aficionados, manteniendo viva una tradición que se transmite no solo en las plazas, sino también a través de la palabra de quienes la han vivido durante décadas.










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