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El PSOE de El Puerto ya tiene candidata a la Alcaldía. Sánchez García, sanchista y de Montero, ha sido designada después de que, concluido el plazo interno, fuera la única persona que presentó su candidatura. Los socialistas tratarán de venderlo como unidad, consenso y confianza.
Pero la lectura política puede ser muy distinta, es decir, cuando un partido pretende recuperar la Alcaldía de una de las ciudades más importantes de la provincia y nadie más quiere ponerse al frente, quizá no estemos ante una demostración de fortaleza, sino ante unas expectativas demasiado bajas.
La proclamación de Saray Sánchez llega, además, en un momento especialmente delicado para el socialismo portuense. El PSOE lleva años sin conseguir reconstruir un proyecto capaz de disputar de verdad la Alcaldía. Las etapas anteriores no lograron frenar el crecimiento político del Partido Popular ni convertir a los socialistas en una alternativa reconocible. El liderazgo de Ángel González tampoco consiguió darle la vuelta a esa dinámica, y ahora Saray Sánchez hereda un partido en franca decadencia y obligado a recomponerse mientras intenta explicar por qué esta vez debería ser diferente.
Tiene, además, una primera contradicción difícil de obviar. El pasado 2 de septiembre, cuando miles de portuenses se concentraron en la Plaza Isaac Peral en solidaridad con Ceuta y bajo el mensaje de “Ceuta no se vende; Ceuta se defiende”, no se vio a Saray Sánchez encabezando, defendiendo o participando activamente en aquella movilización ciudadana. Y eso resulta especialmente llamativo en alguien que ahora da un paso al frente proclamando su voluntad de defender los derechos de las ciudadanas y ciudadanos de El Puerto.
La política municipal no consiste únicamente en aparecer cuando toca pedir el voto. También se demuestra cuando hay que estar junto a los vecinos, incluso cuando el asunto es incómodo para el propio partido. Saray Sánchez tendrá que explicar por qué aquella defensa ciudadana no mereció entonces una presencia política más clara y por qué ahora sí pretende presentarse como referencia de quienes reclaman otra manera de gobernar.
A todo ello se suma el contexto general del PSOE. Las luchas internas, el desgaste acumulado, las incertidumbres sobre su futuro y los distintos frentes judiciales que rodean al partido dibujan un escenario especialmente complicado para unas siglas que afrontan el próximo ciclo electoral con mucha menos tranquilidad de la que quisieran transmitir.
Muy bajas deben de ser las expectativas cuando, para encabezar la candidatura socialista a la Alcaldía, no ha aparecido una competición real de liderazgos, proyectos o equipos. En un partido que se siente cerca del poder suelen surgir aspirantes. Hay debate, confrontación de ideas, nombres dispuestos a asumir el reto. Cuando solo se presenta una persona, la unanimidad puede ser virtud, pero también puede esconder resignación.
Más aún cuando enfrente tienen a un Partido Popular que ha construido durante estos años un relato de gestión muy difícil de desmontar. El Ayuntamiento ha dejado atrás la situación económica de etapas anteriores, se han aplicado bajadas fiscales, se están ejecutando inversiones de una magnitud que hacía años que no se veían en la ciudad y los datos de desempleo han evolucionado a la baja. Todo ello permite al gobierno municipal presentar una comparación muy incómoda para el PSOE.
Porque esa es la verdadera dificultad de Saray Sánchez: no basta con decir que “se puede gobernar de otra manera”. Claro que se puede. La pregunta es si esa otra manera sería mejor.
El PSOE gobernó El Puerto durante años y dejó una nefasta memoria política que todavía pesa. Frente a esa etapa, el PP ha logrado proyectar una imagen de saneamiento económico, reducción de cargas fiscales, recuperación inversora y mejora progresiva de determinados indicadores. Saray Sánchez tendrá que convencer a los portuenses de que el socialismo que ahora propone no sería una vuelta a lo anterior, sino algo verdaderamente distinto.
Tampoco le bastará con presentarse como una renovación simplemente porque cambie el nombre de quien encabeza la lista. La renovación política exige liderazgo, proyecto, credibilidad y capacidad para conectar con una ciudad que ha cambiado mucho en los últimos años.
Saray Sánchez tiene todo el derecho a intentar construir su liderazgo y todavía dispone de tiempo para demostrar que puede hacerlo. Pero su punto de partida no es precisamente cómodo ni halagüeño.
Por último, el dato más significativo de su proclamación no es que haya sido elegida, es que nadie quiso disputarle la candidatura.
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