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Redacción
Lunes, 31 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
EDITORIAL

Javier Botella es ‘100x100 aprovechategui’ y no sabe farmear aura

Hay políticos que construyen una trayectoria y otros que parecen vivir pendientes de encontrar el siguiente hueco en el tablero. Javier Botella pertenece, cada vez más, a esta segunda categoría. En lenguaje de redes, no sabe farmear aura. Lo intenta con vídeos, gestos, indignación sobreactuada y pose de azote del poder, pero la hemeroteca tiene la mala costumbre de aparecer cuando uno pretende reinventarse demasiado deprisa.


Botella llegó al Ayuntamiento en 2015 con Levantemos El Puerto, dentro de aquel espacio de izquierda alternativa que entonces se presentaba como ruptura con la vieja política. No fue precisamente un figurante: formó parte del Gobierno municipal y ejerció responsabilidades en el Área Económica. Después abandonó aquel proyecto y reapareció al frente de Unión Portuense, vendiendo una nueva piel política basada en el municipalismo, la independencia de las grandes siglas y la defensa exclusiva de El Puerto.


Cambiar de ideas no es un pecado. Lo complicado es cambiar tantas veces de envoltorio que termine siendo difícil saber qué permanece dentro.


Porque ahora aquel municipalismo orgullosamente local desemboca en la órbita provincial de 100x100. Y ahí la historia empieza a tener bastante gracia. Quien durante años reivindicó la independencia de estructuras externas termina acercándose precisamente a una de ellas. Primero Levantemos, después Unión Portuense y ahora el paraguas de 100x100. Las siglas cambian, el protagonista permanece.


Eso no demuestra que Botella busque un sueldo público y sería irresponsable afirmarlo como un hecho. Pero la política también se juzga por las apariencias que uno mismo fabrica, y la suya empieza a parecer la de alguien incapaz de aceptar que quizá haya llegado el momento de abandonar el escenario. Siempre hay una nueva fórmula, una nueva alianza o una nueva camiseta con la que intentar seguir en la fotografía.


El episodio resulta todavía más significativo después de las discrepancias internas sufridas por Unión Portuense y de la salida de José Manuel Caballero, precisamente en un momento en el que el partido comenzaba a alejarse de aquel discurso de absoluta autonomía local que había sido durante años una de sus banderas. Cuando hasta quienes ayudaron a construir el proyecto empiezan a cuestionar el rumbo, quizá el problema no esté únicamente en quienes se marchan.


Y tampoco parece que el electorado esté deslumbrado por la nueva aventura. Los resultados obtenidos por 100x100 en El Puerto en las autonómicas fueron modestísimos. Mucha operación, mucho movimiento de fichas y poco entusiasmo ciudadano. Ese debería ser el dato más preocupante para cualquier político: no lo que diga un editorial, sino lo que dicen las urnas cuando nadie consigue convencerlas.


Botella, sin embargo, parece empeñado en mantenerse en circulación. Fue izquierda alternativa, después municipalista transversal y ahora explora una estructura provincial. Mañana quién sabe cuál será la siguiente parada. A este ritmo, si aparece una agrupación cantonalista prometiendo regenerar la política desde la Plaza de Isaac Peral, tampoco convendría descartarlo para la foto inaugural.


Ahí nace el '100x100 aprovechategui', no como acusación de ninguna irregularidad ni como afirmación de que exista una recompensa económica detrás de cada movimiento, sino como caricatura política de quien parece dispuesto a probar cualquier fórmula que prolongue su presencia institucional.


Y resulta especialmente llamativo verlo ahora en redes repartiendo ironías, lágrimas digitales y lecciones de periodismo o coherencia política. Porque para fiscalizar la trayectoria de los demás conviene tener la propia relativamente ordenada. La hemeroteca no discute, no grita y no sube vídeos. Simplemente recuerda.


El verdadero problema de Javier Botella ya no es ideológico. Es de credibilidad. Una persona puede evolucionar, rectificar y hasta equivocarse varias veces. Lo difícil es pretender que cada giro sea presentado como una nueva revelación política y que nadie se pregunte por qué aquello que ayer era irrenunciable hoy se convierte en perfectamente negociable.


En las redes llaman farmear aura a acumular momentos que engrandecen a alguien, que le dan carisma o autoridad. Botella parece empeñado en hacer exactamente lo contrario. Cada intento de presentarse como verso libre termina recordándonos la colección de siglas por las que ha pasado.


Y mientras él suma vídeos, poses y emoticonos tristes, la hemeroteca sigue haciendo cuentas.
De momento, el aura continúa en números rojos.

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