EDITORIAL
Cuando la oposición pierde el norte: el portavoz de Vox reclama entradas gratuitas para los toros
Una ciudad necesita una oposición exigente, fiscalizadora y capaz de plantear alternativas. Lo que una gran ciudad no necesita es una oposición instalada en la polémica permanente, especialmente cuando esta gira en torno a asuntos que difícilmente figuran entre las principales preocupaciones de la ciudadanía.
La última iniciativa del portavoz de Vox en El Puerto de Santa María, José Antonio Gomila, relativa al reparto de invitaciones para una corrida de toros, constituye un buen ejemplo de esa desconexión.
Mientras los portuenses esperan respuestas y debates rigurosos sobre vivienda, empleo, movilidad, limpieza, seguridad o el futuro económico del municipio, Vox ha decidido situar el foco político en las entradas protocolarias de un espectáculo taurino. Cuesta entender que esta pueda considerarse una prioridad para una formación que aspira algún día a gobernar la ciudad.
La estrategia transmite la imagen de un partido más interesado en generar ruido que en aportar soluciones. Más bien, demuestra que no están para arrimar el hombro y sí para meter palos en las ruedas de El Puerto.
En lugar de ejercer una oposición constructiva, capaz de presentar propuestas, señalar deficiencias y enriquecer el debate público, opta por una política de titulares fáciles cuya contribución al interés general resulta, como mínimo, discutible.
Fiscalizar la actuación de cualquier Administración no solo es legítimo, sino imprescindible. Sin embargo, a toda acción de control político deben exigírsele proporcionalidad, rigor y sentido común. Cuando una formación convierte cuestiones accesorias en el eje de su actividad pública, corre el riesgo de demostrar que carece de un proyecto sólido para la ciudad.
El Puerto necesita una oposición que controle al Gobierno municipal, formule alternativas y contribuya a mejorar la gestión pública. Esa es la esencia de una democracia madura. Reducir el debate político a quién recibe o deja de recibir una entrada para los toros empobrece la discusión pública y aleja aún más a los ciudadanos de una política que debería concentrarse en resolver sus problemas cotidianos.
Quizá haya llegado el momento de que algunos dirigentes comprendan que el protagonismo político no se obtiene provocando una polémica cada semana, sino ofreciendo ideas útiles, viables y orientadas a construir un futuro mejor para El Puerto.

Una ciudad necesita una oposición exigente, fiscalizadora y capaz de plantear alternativas. Lo que una gran ciudad no necesita es una oposición instalada en la polémica permanente, especialmente cuando esta gira en torno a asuntos que difícilmente figuran entre las principales preocupaciones de la ciudadanía.
La última iniciativa del portavoz de Vox en El Puerto de Santa María, José Antonio Gomila, relativa al reparto de invitaciones para una corrida de toros, constituye un buen ejemplo de esa desconexión.
Mientras los portuenses esperan respuestas y debates rigurosos sobre vivienda, empleo, movilidad, limpieza, seguridad o el futuro económico del municipio, Vox ha decidido situar el foco político en las entradas protocolarias de un espectáculo taurino. Cuesta entender que esta pueda considerarse una prioridad para una formación que aspira algún día a gobernar la ciudad.
La estrategia transmite la imagen de un partido más interesado en generar ruido que en aportar soluciones. Más bien, demuestra que no están para arrimar el hombro y sí para meter palos en las ruedas de El Puerto.
En lugar de ejercer una oposición constructiva, capaz de presentar propuestas, señalar deficiencias y enriquecer el debate público, opta por una política de titulares fáciles cuya contribución al interés general resulta, como mínimo, discutible.
Fiscalizar la actuación de cualquier Administración no solo es legítimo, sino imprescindible. Sin embargo, a toda acción de control político deben exigírsele proporcionalidad, rigor y sentido común. Cuando una formación convierte cuestiones accesorias en el eje de su actividad pública, corre el riesgo de demostrar que carece de un proyecto sólido para la ciudad.
El Puerto necesita una oposición que controle al Gobierno municipal, formule alternativas y contribuya a mejorar la gestión pública. Esa es la esencia de una democracia madura. Reducir el debate político a quién recibe o deja de recibir una entrada para los toros empobrece la discusión pública y aleja aún más a los ciudadanos de una política que debería concentrarse en resolver sus problemas cotidianos.
Quizá haya llegado el momento de que algunos dirigentes comprendan que el protagonismo político no se obtiene provocando una polémica cada semana, sino ofreciendo ideas útiles, viables y orientadas a construir un futuro mejor para El Puerto.



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