Día Sábado, 20 de Junio de 2026
TRIBUNA LIBRE
‘Que no tires la colilla en la playa’, por Alfredo Augusto Escobar
Cuando la última ola empezó a bajar, arrastró muchas cosas; pero, con un dejo de miedo, abandonó en la playa la huella de un ecocidio. Un pequeño cilindro de espuma de dos centímetros de largo por menos de un centímetro de diámetro quedó sobre la arena húmeda.
Esa aparentemente inofensiva pieza estaba a la espera de que una nueva ola apareciese y la mandara al mar. Al lado, el pico curvo de una gaviota se le acerca ingenuamente, ignorando el peligro que la acecha. Para su fortuna, una figura humana vestida de rojo encendido y provista de una pequeña malla sostenida por un aro metálico alejó el peligro para siempre.
Y no fue la primera. Cientos de colillas fueron recogidas y aisladas por el equipo de voluntarios del área de Medio Ambiente de la Cruz Roja Española de El Puerto de Santa María. Así se eliminó ese grave peligro para la mar y los habitantes de las playas.
Pilar Navarrete, referente de Medio Ambiente de la Cruz Roja de El Puerto, señalaba que el objetivo de este plan es mantener y cuidar las playas del municipio a la vez que se busca educar a la ciudadanía.
La advertencia del riesgo aparece en un informe que la Fundación Ecomar entrega al público en su página web (https://fundacionecomar.org) donde dice que cada colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua de mar y casi 50 litros si se trata de agua dulce. El asunto se complica porque una colilla se demora en descomponerse más de diez años.
Al no ser biodegradable y tratarse de un acetato de celulosa (un tipo de plástico fotodegradable), cada colilla se transforma en innumerables microplásticos que terminan incrustados dentro de la cadena alimenticia de los habitantes marinos y de esta manera pueden llegar incluso a transformarse en parte de la dieta de los seres humanos. Prácticamente se trata de un cáncer el que se le está causando al mar.
Esta situación afecta mucho a un país como España, donde existe un elevado consumo de cigarrillos. La misma Ecomar informa que en la patria de Cervantes se fuman al año 32.800 millones de cigarrillos. Esto significa que en promedio cada uno de los 49,6 millones de personas que habita en España se está fumando 661 cigarrillos.
Y solamente para mostrar la tragedia marina, la estadística nos dice que 4.933 millones de colillas salen de las manos de los fumadores para ir a enredarse en las arenas de los 8.000 kilómetros de playas españolas. Casi todas terminan en el mar.
Las colillas de cigarrillos ingresan en lo que el ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Democrático, —en otros países lo llaman ministerio de Medio Ambiente—, define bajo el término “basuras marinas”. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por su sigla en inglés) las vincula también en el grupo de “cualquier sólido persistente de origen no natural (manufacturado) que haya sido desechado, depositado o abandonado en ambientes marinos y/o costeros”.
Manuel Lucena, uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la jornada del pasado sábado, señaló que estas jornadas enseñan a las personas a cuidar mucho mejor las playas.
Asimismo, Juan, un bronceado hombretón de ancha espalda, grises cabellos y fuerte vozarrón andaluz, que entregó a los voluntarios un anzuelo enorme que su nieto había encontrado abandonado en la playa, decía con rabia viendo las bolsas llenas de colillas, “que sí, que te lleves un cenicero y luego tires la colilla en la basura; pero no en la playa”.
Alfredo Augusto Escobar es voluntario del Área de Comunicación de Cruz Roja en El Puerto

Cuando la última ola empezó a bajar, arrastró muchas cosas; pero, con un dejo de miedo, abandonó en la playa la huella de un ecocidio. Un pequeño cilindro de espuma de dos centímetros de largo por menos de un centímetro de diámetro quedó sobre la arena húmeda.
Esa aparentemente inofensiva pieza estaba a la espera de que una nueva ola apareciese y la mandara al mar. Al lado, el pico curvo de una gaviota se le acerca ingenuamente, ignorando el peligro que la acecha. Para su fortuna, una figura humana vestida de rojo encendido y provista de una pequeña malla sostenida por un aro metálico alejó el peligro para siempre.
Y no fue la primera. Cientos de colillas fueron recogidas y aisladas por el equipo de voluntarios del área de Medio Ambiente de la Cruz Roja Española de El Puerto de Santa María. Así se eliminó ese grave peligro para la mar y los habitantes de las playas.
Pilar Navarrete, referente de Medio Ambiente de la Cruz Roja de El Puerto, señalaba que el objetivo de este plan es mantener y cuidar las playas del municipio a la vez que se busca educar a la ciudadanía.
La advertencia del riesgo aparece en un informe que la Fundación Ecomar entrega al público en su página web (https://fundacionecomar.org) donde dice que cada colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua de mar y casi 50 litros si se trata de agua dulce. El asunto se complica porque una colilla se demora en descomponerse más de diez años.
Al no ser biodegradable y tratarse de un acetato de celulosa (un tipo de plástico fotodegradable), cada colilla se transforma en innumerables microplásticos que terminan incrustados dentro de la cadena alimenticia de los habitantes marinos y de esta manera pueden llegar incluso a transformarse en parte de la dieta de los seres humanos. Prácticamente se trata de un cáncer el que se le está causando al mar.
Esta situación afecta mucho a un país como España, donde existe un elevado consumo de cigarrillos. La misma Ecomar informa que en la patria de Cervantes se fuman al año 32.800 millones de cigarrillos. Esto significa que en promedio cada uno de los 49,6 millones de personas que habita en España se está fumando 661 cigarrillos.
Y solamente para mostrar la tragedia marina, la estadística nos dice que 4.933 millones de colillas salen de las manos de los fumadores para ir a enredarse en las arenas de los 8.000 kilómetros de playas españolas. Casi todas terminan en el mar.
Las colillas de cigarrillos ingresan en lo que el ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Democrático, —en otros países lo llaman ministerio de Medio Ambiente—, define bajo el término “basuras marinas”. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por su sigla en inglés) las vincula también en el grupo de “cualquier sólido persistente de origen no natural (manufacturado) que haya sido desechado, depositado o abandonado en ambientes marinos y/o costeros”.
Manuel Lucena, uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la jornada del pasado sábado, señaló que estas jornadas enseñan a las personas a cuidar mucho mejor las playas.
Asimismo, Juan, un bronceado hombretón de ancha espalda, grises cabellos y fuerte vozarrón andaluz, que entregó a los voluntarios un anzuelo enorme que su nieto había encontrado abandonado en la playa, decía con rabia viendo las bolsas llenas de colillas, “que sí, que te lleves un cenicero y luego tires la colilla en la basura; pero no en la playa”.
Alfredo Augusto Escobar es voluntario del Área de Comunicación de Cruz Roja en El Puerto










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