Del Viernes, 17 de Abril de 2026 al Sábado, 18 de Abril de 2026
EDITORIAL
El PSOE de El Puerto no quiere medidas contra el incivismo en la motorada
El Puerto de Santa María vuelve a situarse en el centro del debate con motivo de la Motorada vinculada al Gran Premio de Jerez. En esta ocasión, ha sido el PSOE local quien ha puesto el foco en la decisión del equipo de Gobierno de aplicar medidas disuasorias como el mojado del pavimento en zonas concretas o resaltos en la antigua Nacional IV y así para frenar comportamientos incívicos.
Sin embargo, la crítica socialista llega envuelta en una notable contradicción que no ha pasado desapercibida para muchos vecinos.
El equipo de Gobierno, respaldado de forma masiva por la ciudadanía, ha demostrado en los últimos años una linea que busca compatibilizar el atractivo turístico de eventos como la Motorada con el derecho fundamental al descanso de los portuenses. Una tarea compleja que exige toma decisiones firmes ante conductas que, año tras año, generan molestias, ruidos y situaciones de riesgo.
Frente a ello, el PSOE local ha optado por cuestionar públicamente una medida concreta, solicitando informes técnicos y poniendo en duda su idoneidad. No obstante, resulta llamativo que este posicionamiento llegue precisamente de un partido cuyo portavoz municipal es Policía Local y que ahora parece posicionarse en contra de la labor de sus compañeros policías.
Es decir, quienes han tenido y en parte siguen teniendo un papel clave en la gestión de la seguridad y el control del orden público, ahora parecen alinearse con una crítica que, en la práctica, debilita herramientas destinadas a combatir el incivismo.
Porque el debate no es si la Motorada debe celebrarse, algo que nadie discute y que ni siquiera es decisión del equipo de Gobierno, sino cómo se gestiona el comportamiento de una minoría que empaña la convivencia. Y en ese punto, las administraciones no pueden permanecer inmóviles ni limitarse a declaraciones genéricas sobre “equilibrio entre ocio y descanso”.
Los vecinos lo tienen claro ya que no se trata de ir contra los moteros de buena fe (la inmensa mayoría), sino contra los ruidosos de escape libre, los que realizan maniobras temerarias, los que cubren sus matrículas y rostros para no ser identificados…
Mientras tanto, el equipo de Gobierno sigue apostando por medidas que, gusten más o menos, buscan prevenir situaciones de peligro y reducir molestias. Medidas que responden a una realidad conocida por todos y que requieren algo más que críticas políticas, necesitan la responsabilidad de todos.
Pero a lo mejor eso es mucho pedir para alguien tan acostumbrado a la incongruencia como el socialista Ángel González.

El Puerto de Santa María vuelve a situarse en el centro del debate con motivo de la Motorada vinculada al Gran Premio de Jerez. En esta ocasión, ha sido el PSOE local quien ha puesto el foco en la decisión del equipo de Gobierno de aplicar medidas disuasorias como el mojado del pavimento en zonas concretas o resaltos en la antigua Nacional IV y así para frenar comportamientos incívicos.
Sin embargo, la crítica socialista llega envuelta en una notable contradicción que no ha pasado desapercibida para muchos vecinos.
El equipo de Gobierno, respaldado de forma masiva por la ciudadanía, ha demostrado en los últimos años una linea que busca compatibilizar el atractivo turístico de eventos como la Motorada con el derecho fundamental al descanso de los portuenses. Una tarea compleja que exige toma decisiones firmes ante conductas que, año tras año, generan molestias, ruidos y situaciones de riesgo.
Frente a ello, el PSOE local ha optado por cuestionar públicamente una medida concreta, solicitando informes técnicos y poniendo en duda su idoneidad. No obstante, resulta llamativo que este posicionamiento llegue precisamente de un partido cuyo portavoz municipal es Policía Local y que ahora parece posicionarse en contra de la labor de sus compañeros policías.
Es decir, quienes han tenido y en parte siguen teniendo un papel clave en la gestión de la seguridad y el control del orden público, ahora parecen alinearse con una crítica que, en la práctica, debilita herramientas destinadas a combatir el incivismo.
Porque el debate no es si la Motorada debe celebrarse, algo que nadie discute y que ni siquiera es decisión del equipo de Gobierno, sino cómo se gestiona el comportamiento de una minoría que empaña la convivencia. Y en ese punto, las administraciones no pueden permanecer inmóviles ni limitarse a declaraciones genéricas sobre “equilibrio entre ocio y descanso”.
Los vecinos lo tienen claro ya que no se trata de ir contra los moteros de buena fe (la inmensa mayoría), sino contra los ruidosos de escape libre, los que realizan maniobras temerarias, los que cubren sus matrículas y rostros para no ser identificados…
Mientras tanto, el equipo de Gobierno sigue apostando por medidas que, gusten más o menos, buscan prevenir situaciones de peligro y reducir molestias. Medidas que responden a una realidad conocida por todos y que requieren algo más que críticas políticas, necesitan la responsabilidad de todos.
Pero a lo mejor eso es mucho pedir para alguien tan acostumbrado a la incongruencia como el socialista Ángel González.











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